domingo, 26 de mayo de 2013

"Las actas del juicio" de Ricardo Piglia

Descripción: http://www.literatura.org/nav/litop.gif
RICARDO PIGLIA

Las actas del juicio

En la ciudad de Concepción del Uruguay, a los diez y siete días del mes de agosto de mil ochocientos setenta y uno, el señor juez en primera instancia en lo criminal, doctor Sebastián J. Mendiburu, acompañado de mí el infrascripto secretario de Actas se constituyó en la Sala Central del Juzgado Municipal a tomarle declaración como testigo en esta causa al acusado Robustiano Vega, el que previo el juramento de decir verdad de todo lo que supiere y le fuere preguntado, lo fue al tenor siguiente:
    ­Lo que ustedes no saben es que ya estaba muerto desde antes. Por eso yo quiero contar todo desde el principio, para que no se piense que ando arrepentido de lo que hice, que una cosa es la tristeza y otra distinta el arrepentimiento, y lo que yo hice ya estaba hecho y no fue más que un favor, algo que sólo se hace para aliviar, algo que no le importa a nadie. Ni al General.
    Porque para nosotros estaba muerto desde antes. Eso ustedes no lo saben y ahora arman este bochinche y andan diciendo que en los Bajos de Toledo tuvimos miedo. Que lo hicimos por miedo. A nosotros decirnos que fue por miedo a pelear. A nosotros, que lo corrimos a don Juan Manuel y a Oribe y a Lavalle y al manco Paz. A nosotros que estuvimos, aquella tarde, en Cepeda, cuando el General nos juntó a todos los del Quinto en una lomada y el sol le pegaba de frente, iluminándolo, y dijo que si los porteños eran mil alcanzaba con quinientos. "Porque con la mitad de mis entrerrianos los espanto", dijo el General, y el sol le achicaba los ojos.
    En aquel tiempo ya teníamos casi diez años de saber qué cosa es no haber escapado nunca. qué cosa es galopar y galopar como rebotando y sentir la tierra abajo que retumba y arremeter a los gritos mientras los otros son una polvareda chiquita, como si uno los corriera con la parada.
    En ese entonces pelear era casi una fiesta y cuando nos juntábamos era para una fiesta y no para morir. Se escuchaba un galope tendido a lo lejos que se venía dele agrandarse. hasta que cruzaba el pueblo sin parar, avisándonos. Ahí nomás las mujeres empezaban a llorisquear y a veces daba pena por las cosechas o porque los animales estaban de cría o uno se acababa de juntar y había que dejarla con ganas, porque el General decía que para pelear como es debido no hay que tener a la mujer con uno; porque llevar a la mujer a la rastra no es de hombre. Él era el único en llevar mujer, pero el General era distinto y precisaba mujer por la misma razón que nosotros no la necesitábamos.
    Todo Entre Ríos se quedaba pelado, cuando nos íbamos. Era una cosa de no verse nadie por ningún lado, como si fuera de noche, que no se ve ni un alma, ni un caballo, nada, porque todos andábamos peleando. Hubo veces que volvimos con lo puesto y era fiero rejuntar los animales y a veces el yuyo lo había tapado todo y era triste de mirar. Por eso mienten los porteños cuando dicen que cada uno de los soldados de la Confederación era dueño de una estancia. Mienten, y yo quiero que usted anote que ellos mienten, para que se sepa. Mienten porque nosotros somos muchos y Entre Ríos no da tierra para todos. Por lo menos tierra que sirva, porque la que está en los bañados nadie la quiere, y la otra, entre la que es del General y la que el General le regaló a los oficiales, no queda tierra ni para morirse encima. Pero los porteños vienen mintiendo desde hace mucho y no tienen ni idea de lo que pasa por aquí. Ellos no conocen eso que nos daba de juntarnos casi todos los entrerrianos en dos días para preguntarle al Grito a quién había que espantar. Eso de ver llegar hombres de todos los sitios, que para donde uno mira hay caballos, y el General con el poncho blanco, esperando.
    Por eso los que hablan que tuvimos miedo no saben nada y seguro son porteños. No conocen el orgullo que da ser los mejores. No saben que todo pasó por ese mismo orgullo. Aquella alegría que nos dio la vez que hicimos las cien leguas que van de Ubajay a Pago Largo en un solo galope que duró nueve días enteros. Fue cuando Oribe y hubo que domar potros en el camino porque la mitad se nos reventó en la galopada aquella, con el sol siempre encima y uno corría y corría, como para escaparle. Eso nos pareció, que le disparábamos al sol que se nos metía adentro de la piel, que nos llenaba la cabeza de polvo y de cansancio y seguro que fue lo que nos hizo andar tan ligero. Cuando llegamos, el Uruguay estaba en crecida. Debía estar lloviendo lejos, porque ahí el cielo lastimaba de tan claro mientras nos amontonábamos en la orilla y el río estaba tan ancho que no se alcanzaba a divisar más que la sombra de los sauces del otro lado. Estaba lleno de troncos y basura que cruzaban saltando, y cuando no había troncos el agua se quedaba quieta y marrón, parecida a la tierra. Nos quedamos mirando y mirando, hasta que el sargento Reyes fue y le dijo al General lo que pensábamos todos. Se acercó y sin bajarse del caballo, se lo dijo. El General galopó de una punta a otra y levantaba el sombrero en la mano, como agradeciendo. El agua empujaba que metía miedo y había que afirmarse despacio y era jodido nadar llevando el caballo del maneador, y el agua estaba tibia y de galope cortaba de tan fría y cada tanto alguno daba un grito y una voltereta y aparecían las patas del caballo y la panza y era que se lo llevaba la correntada y ése no salía más, por lo menos hasta el Salado. Cuentan que el río estaba gris porque nosotros lo cubríamos; tantos éramos que en vez de agua parecía lleno de entrerrianos. Estuvimos cerca de una hora hasta poder afirmar los pies en el barro. Dicen que el General se fue por una hondonada y por poco se ahoga. Que manoteó feo y terminó prendido a un tronco. Eso dicen, pero algunos lo vieron del otro lado, lo más calmo y no sofocado como nosotros, que respirábamos abriendo la boca, porque el que más el que menos había sentido el gusto a aceite tibio del agua revolviéndole las tripas.
    ­¿Quién dice que no es de esto de lo que tengo que hablar? Si fue por eso que yo lo hice y por estas cosas entendió el General que no era al miedo a lo que nosotros le cuerpeamos, la noche aquella, en los Bajos. Lo supo por estas cosas y porque él, de nosotros, lo sabía todo. Por lo menos mientras fue el de siempre, antes que lo cambiaran, mientras fue el de siempre y peleó a ganar y mandó a ganar. Mientras arremetió con nosotros, en las cargas, él también con lanza y al galope y puteando, igual que cualquiera. Mientras lo vimos llegarse a los festejos y entreverarse, como si le gustara. Y uno lo sentía mandando, no porque fuera el General, sino porque tenía un modo de mirar, con esos ojos amarillos, que ya estaba mandando sin decir nada, a pesar de que bailara con nosotros, en el rancherío. Me acuerdo la tarde que lo desafió a Dávila, que tenía un alazán invicto, y la corrieron en el arroyo seco y todos estábamos con Dávila, que entró tranquilo y el General se reía, como si fuera un desfile. Cuando la corrieron lo único que se supo fue que el General era mucho jinete pero que contra el alazán de Dávila no se podía. Nadie se lo olvida aquella noche, tan caliente con la mujer del Payo que era rubia y de ojos parecidos a los de él y nunca se supo de dónde la había traído. Eso le preguntó el General:
    ­¿De dónde la sacó, Chávez? Está muy buena su mujer. Que la quería con el.
    ­Es mucha mujer para vos­ se oyó, y dicen que venía medio pasado de caña.
    El Payo se estaba quieto y lo miraba sin levantarse, como diciendo: "Usted dice así, mi general, porque es el que manda", y entonces le preguntó si tenía algo que decir.
    ­¿Tiene algo que decir, Chávez? ­y la voz se quedó como colgada en el aire porque ya no había música. nada más que el silencio, cuando lo dijo, con esa voz suya acostumbrada a mandar.
    Cuentan que el Payo le contestó casi en voz baja:
    ­ Usted se le anima a mi mujer porque es el que manda, mi general.
    ­¿Usted cree, Chávez?­ y que se viniera con él y movió un brazo así, como sin ganas, señalando la oscuridad, a ver cuál de los dos se equivocaba.
    Se metieron entre los árboles. Nosotros nos quedamos en medio de toda la luz. No se escuchaba otra cosa que el viento moviendo las hojas y un olor a cuero sudado o a naranjas y la mujer del Payo se retorcía las manos, y cuando el General salió, ya era viuda del Payo y mujer del General.
    ­No, señor. Y por eso estábamos con él. Porque siempre hizo lo que era debido y daba gusto pelear por él, que era como nosotros, que había empezado de abajo y lo hizo todo con el coraje, desde el tiempo en que empezó a arrear caballos entre los indios, cuando recién andaba por los veinte, y ya no se le podían contar aquí ni los hijos, ni las leguas.
    ­Seguro que sí, pero distinto. Como si le hubiera quedado la envoltura, el cuero nada más y por adentro todo revuelto. A nosotros nos daba como indignación. Hubo gente que se trenzó para desagraviarlo cuando por allí empezaron a decirlo, especialmente después de lo de Pavón. Castro fue el primero que dejó boqueando a un correntino que había dicho que el General estaba viejo.
    ­Está vendido a Mitre ­cuentan que dijo, y Castro, casi con desgano, lo hizo salir del boliche y el otro le decía­: Lo dije en joda, hermano, lo dije en joda­ con los ojos agrandados por la falta de coraje.
    Cuando lo dejó tendido a todos nos vino la tranquilidad, pero era como si empezaran a decirnos lo que andábamos sabiendo: que el General estaba como muerto.
    Algunos dicen que todo empezó cuando le mataron el Sauce, un tordillo que era una luz, y se lo mataron por casualidad. Cuentan que se estuvo agachado, él que no era de aflojar, déle mirarlo, y que le acariciaba el cogote como con asco, mientras se le moría. Después se empezó a encorvar y de golpe lo remató con un tiro entre los ojos.
    Cuando se alzó pidiendo "Un caballo que aguante, carajo", ya era otro y están los que dicen que lloraba, pero eso no, porque no era hombre para eso, para cambiar porque le falta el caballo.
    ­En el fondo, ninguno de nosotros sabe de dónde le nacían las ganas de hacer esas cosas que no podían gustarle ni a él. Lo de quedarse con las tierras de las viudas. O querer llevarnos a pelear contra los paraguayos, que nunca nos hicieron nada, y al lado de Mitre. Y eso con los desertores de hacer que los lanceáramos en seco, igual que a indios. Los amontonó en el corral grande y nos hizo formar sobre la avenida, como para una diversión. Los iba largando de a uno y después elegía a cualquiera de nosotros, con la mirada. Nos achicábamos sobre el caballo porque era sucio eso de verlos correr y correr solos y al sol, en medio de la calle, despatarrados por el miedo, cada vez más cerca, igual que si retrocedieran, hasta meterse bajo la panza del caballo. Allí se tiraban al suelo o empezaban a retorcerse y a gritar levantando los brazos como si uno pudiera hacer otra cosa que partirlos de un puntazo.
    Pasamos la tarde entera en esas corridas hasta que terminamos acostumbrados a los gritos y al olor de la sangre. Y se fueron quedando tendidos, como trapos al sol, en una fila despareja que bordeaba la laguna.
    ­No, señor. Ninguno de nosotros sabe. Pero se notaba. Hasta que vino lo de Pavón, que fue como si. buscara humillarnos. Hacernos vadear el río para escapar, medio escondidos, y dejarle a los porteños la de ganar sin ni siquiera un apronte. Irnos así, callados y con las ganas, es lo que da vergüenza. Eso de quedarnos viendo cuando el coronel Olmos (que fue de los que aguantaron la vez de la emboscada en Corral Chico) se le acerca y le dice:
    ­Con respeto, mi general y perdone. ¿Por qué la retirada?
    Y él, con la cara hundida en las arrugas, lo hace meter en el cepo, nada más que por la pregunta.
    Ninguno de ustedes sabe lo que es andar todo el día y toda la noche, de un tirón, hasta entrar en Entre Ríos, como si ellos nos vinieran corriendo, siendo que veníamos enteros y con eso adentro que nos daba vuelta de pensar que los porteños pudieran decir que nos corrieron y nosotros ni les vimos las caras.
    Él galopaba solo y adelante y uno esperaba que se diera vuelta con esa sonrisa que le borra las arrugas, para explicarnos que era una trampa a los de Mitre eso de escaparnos así, de repente. Pero cuando desmontó en el San José no había dicho ni una palabra, nada más que aquello al coronel Olmos.
    De esas cosas les quiero preguntar, a ustedes, que son letrados, aunque se hayan juntado aquí para que sea yo el que hable. Porque yo no puedo decir más que lo que sé y el resto lo tienen que averiguar. Lo que yo sé es que todo lo que hicimos fue para remediar lo que le sucedía y que nos tenia asombrados. Que nos mandara vestir de gala y esperar la diligencia que viene del Rosario. Estar allí, sobre el camino, con el sol que va calentando la sangre, dele esperar. Verla aparecer al fondo, contra los montes y después agrandarse y agrandarse. Venimos de escolta por todo el valle para descubrir que habíamos escoltado porteños. Lo entendimos cuando bajaron en la Plaza, sacudiéndose la ropa como si con eso se pudiera ahuyentar el polvo que traían pegado al sudor. Nos enteramos que venían del otro lado del Arroyo del Medio sólo por eso de ver cómo estaban vestidos y no por que el General nos avisara. Después pensamos que él los iba a educar, pero los recibió como si los necesitara, con todo embanderado y por la ventana se veía la luz y la mesa cubierta de porteños y el General disimulando en el medio y vestido como ellos. Cuentan que los porteños decían las cosas, hablaban de ferrocarriles y del puerto y de la Patria, siempre con la voz del que ordena. Y el General los escuchó callado, como si anduviera con sueño.
    Al otro día nos hizo desfilar delante de esos soldados, que se metían el pañuelo en la boca cuando levantamos polvareda, al galopar. Y así anduvimos de un lado a otro, festejándolos, como si no fueran los mismos "Galerudos a los que vamos a empujar hasta el río y a enseñar lo que somos los entrerrianos, enseñarles qué cosa es la Patria y qué cosa es ser Federal", como nos dijo aquella vez, tan quieto en el tordillo, después de Caseros, antes de entrar a florearnos por Buenos Aires, todos con la cinta puzó y al trote, despacito nomás, para que aprendieran.
    Como si no fueran los mismos.
    ­Fue por todo eso que yo lo hice. Pero ya había sucedido antes, la noche aquella en los Bajos de Toledo, mientras la lluvia no nos dejaba respirar ocupando todo el aire. Esa vez sucedió. Y no fue por divertirnos. Ni por miedo a pelear, como andan diciendo, sino por coraje y porque el General ya no se mandaba ni a él. Y ésa fue la vez que se lo dijimos. Lo que pasó después, es como si no hubiera pasado. Esto de que todo Entre Ríos ante con voluntad de guerrear y gritando ¡Muera Urquiza! cuando para nosotros, los que peleamos al lado de él, ya estaba muerto desde antes. Esa noche es la que importa. Con el cielo sucio de la tierra y los esteros manchados por las fogatas, me la acuerdo más que a la otra y me duele más, y ninguno de nosotros, de los que estuvo, se la olvida, porque fue como despedirse.
    Soplaba un viento lleno de tormenta que traía como una tristeza y de golpe trajo la lluvia. Una lluvia fea, medio tibia y tan fuerte que nos fue juntando a todos en la lomada, cerca del río. No nos veíamos ni las caras y se escuchaba la lluvia, el olor a sudor o a cuero mojado y los caballos sacudiéndose. Entonces alguno dijo lo de irnos. Mejor nos volvemos para Entre Ríos, el General ya no sirve, se oyó, y como si con eso lo mandaran a llamar, apareció, no él, sino esa voz suya tan quieta.
    ­¿Qué pasa acá? ­dijo.
    ­Pasa que nos volvemos, mi general.
    ­¿Y quién carajo ordenó que se vuelvan?
    Se escuchó el río que estaba cerca y creciendo. Eso como un trueno que era el río y nada más, porque ninguno sabía contestar quién era el que mandaba volver. Nos quedamos callados, mientras la lluvia nos obligaba a cerrar los ojos y apretarnos en la montura como para no estar, todo en medio de una oscuridad que aunque uno abriera los ojos igual no veía mas que la lluvia y era como estar solo, encima del caballo, hasta que cruzaba un relámpago como una llamarada y entonces se veía la loma llena de hombres, igual que si brotaran. Nunca estuve cerca del General, pero le escuché la voz mezclada con el bochinche. Algunos dicen que nos hablaba pero no se entendía más que la lluvia. Hasta que entramos a ladearnos despacito, para el lado del estruendo, y nos metimos en el río que empujaba feo, como la voz de Oribe, y en medio de aquella agua que venía de todos lados, lo escuchamos gritar y a veces, de pronto, era como verlo, con el poncho medio gris, color ceniza, parecido a un tronco arrancado de la tierra, tirado en medio del río. Yo no me acuerdo de otra cosa que del agua y de los gritos y de una vez, en medio de la luz de un relámpago, que me pareció verlo y tuve ganas de pedirle que se vinieran con nosotros, para Entre Ríos.
    Esa fue la vez que lo hicimos.
    Lo demás vino porque daba lástima verlo, tan apagado. Hasta las mujeres empezaron a notarlo. Fue en ese tiempo que se le desapareció la Gringa, que era la mejor mujer de Entre Ríos, y se escapó con Olmos, sin que él hiciera más que enterarse.
    Por las tardes se paseaba cerca del río, y uno lo miraba de lejos, y era como ver pasar el viento. Se andaba solo y callado y daba una especie de indignación.
    También por eso lo hice. Para ayudarlo.
    Pero hubo otras cosas, porque si no ustedes no armarían este bochinche y yo no estaría hablando de esto que sólo me da pena. Alguna otra cosa anduvo pasando que no sabemos, algo que viene de lejos y que fue lo que modificó al General. Y de eso parece que no hay quien conozca. Ni entre ustedes.
    Yo me lo malicié de entrada, aquella noche, en la estancia de don Ricardo López Jordán, cuando me preguntaron si me animaba. "¿Te animás, Vega?", me preguntaron, y yo me quedé quieto y no dije nada. Pedí seis hombres y antes que clareara me apuré a hacerlo, como quien le revienta la cabeza a un potro quebrado.
    Me acuerdo que entramos al galope y gritando, para darnos coraje. Los caballos se refalaban en las baldosas y los gritos iban y venían por las paredes cuando entramos sin desmontar, atropellando. Él apareció de repente, en el fondo del pasillo, solo y medio desnudo. contra la luz. Nos recibió igual que si nos esperara y no se defendió. No hizo más que mirarnos con esos ojos amarillos, como si nos estuviera aprendiendo el alma. No sé por qué yo me acordé de esa tarde, cuando se bajó del tordillo después de perder con Dávila. Se estuvo parado ahí, justo bajo la luz, con esa camisa que le dejaba las piernas al aire, hasta que lo tumbamos.
    Cuando Matilde, la hija de la que había sido mujer del Payo Chávez, se le tiró encima para defenderlo, yo mismo le oí decir que no llorara. Y eso fue lo único que habló esa noche y lo último que habló en su vida. "No llore m'hija, que no hay razón", le escuché mientras le buscaba el cuerpo entre los claros que me dejaba el de Matilde, y el General tenía la cara escondida por las arrugas y los ojos quietos en algo, no en mí que estaba muy cerca, en algo más lejos, en la gente de a caballo, o en la pared medio descolorida de tanto poner y sacar la bandera.
    Y estaba así, con los ojos alzados, la cara escondida por la muerte, la Matilde acostada encima y manchándose de sangre, cuando lo maté:
    ­Perdone, mi general­ le dije, y me apuré buscando el medio del pecho para evitarle el sufrimiento.




viernes, 10 de mayo de 2013

"La Chanson de Roland"


"La Chanson de Roland" - Propuesta de actividades


1.      Localiza en un mapa de Europa con división política el territorio de Roldán: en la frontera entre Francia y España, los Montes Pirineos y el paso de Roncesvalles; en España, las siguientes ciudades: Córdoba, Pamplona y Zaragoza; en Alemania, la ciudad de Aquisgrán donde Carlomagno instaló su corte imperial.
2.      Relee los primeros episodios del texto y responde:
a)      ¿Qué consejos da Blancandrín al rey moro Marsil?
b)      ¿Por qué se enfrentan Roldán y Ganelón ate Carlomagno?
c)      ¿A qué acuerdo llegan Marsil, Blancandrín y Ganelón?
3.      Explica la relación del siguiente fragmento con el resto de la historia:
“Roldán tomó sin más tardanza su olifante y sopló en él con todas sus fuerzas. El inconfundible sonido viajó grandes distancias a través de valles y colinas y llegó a oídos del Emperador, que marchaba en silencio hacia su patria”
4.      Según el historiador Jacques Le Goff, “la” Dama de la sociedad medieval fue la Virgen María, “Nuestra Señora”, la gran intermediaria entre los fieles y Dios, cuya imagen predominó en el arte de la época. Sin embargo, en las historias épicas medievales, las mujeres suelen ser figuras atractivas y movilizantes, aunque se las conoce poco porque juegan un rol secundario.
Imagina una historia de vida para Alda, la prometida de Roldán,  a partir de la siguiente frase:
Cuando era niña, una noche junto al fuego, mi madre suspiró con tristeza, me abrazó y dijo al oído: - Conocerás el amor… pero no la felicidad. Nunca entendí el significado de sus palabras hasta que, en Aquisgrán, aquella tarde, lo vi llegar…
5.      Para Le Goff, el primer cristianismo tal como fue enseñado por Jesús y el Nuevo Testamento (los Evangelios) era una religión pacífica, pero los pueblos bárbaros le infundieron sus costumbres guerreras y se empezó a creer que la fe debía imponerse por la fuerza. Con ese impulso, a partir del siglo XI la Europa cristiana se entregó a la guerra religiosa que dejó profundos rencores entre musulmanes y cristianos, y que aún perduran.
Investiga acerca de las Cruzadas y la orden de los Templarios y redacta un informe que incluya fechas, protagonistas, causas y consecuencias, imágenes (mapas, pinturas, grabados, ilustraciones) de los Cruzados más recordados, de Jerusalén y el Santo Sepulcro.
6.      La mitología medieval ha sido retomada en variados ámbitos de la vida contemporánea: en el cine, en los videojuegos, etc. Realiza una investigación y plasma en este trabajo los resultados.



"No se culpe a nadie", de Julio Cortázar

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jueves, 11 de abril de 2013

Ceremonia secreta, de Marco Denevi

http://www.latertuliadelagranja.com/antigua/biblioteca/Denevi,%20Marco%20-%20Ceremonia%20secreta.pdf

La risa, de Bergson (para 6to año de Literatura de Secundaria)

http://ciie-r10.wikispaces.com/file/view/2.+Bergson_La+risa.pdf

Para aclarar dudas...


Tenemos en español pares de adverbios de lugar con a- y sin a- que a veces plantean dudas en el uso. Me refiero a parejas como fuera/afuera, dentro/adentro, delante/adelante, detrás/atrás, etc. Lo primero que tenemos que saber es que cada miembro del par admite lo mismo usos de situación (1, 2) que usos de desplazamiento (3, 4):
(1) No me diga que estoy fuera de la realidad, miss Ramos [...] [Ana María Fuster Lavín: Réquiem]
(2) Me quedé afuera aguardando a Momo [Fernán Caballero: La gaviota]
(3) Mañana me voy fuera de Lima, a descansar por unos ocho días [Carmen María Pinilla (ed.): Arguedas en el Valle del Mantaro]
(4) Espérame aquí, niña. Voy afuera a hacerme muy rico [Isabel Allende:Cuentos de Eva Luna]
Por tanto, hay que desechar la idea, bastante arraigada, de que las formas sin a-solo se utilizan cuando tienen significados estáticos y que las contrapartes con la preposición incorporada denotan exclusivamente movimiento.
La verdadera diferencia está en su capacidad para admitir un complemento o no. Las formas sin a- aceptan siempre un complemento introducido por la preposiciónde, como se ve en los ejemplos (1) y (3). Este no tiene por qué estar presente obligatoriamente. Puede expresarse (5) o quedar sobreentendido (6); pero, en cualquier caso, virtualmente está ahí:
(5) Me voy fuera de Lima por unos días
(6) Me voy fuera por unos días
Es frecuente, por otra parte, el uso de las formas con a- con dicho complemento, pero se considera vulgar: Me quedé afuera de la competiciónDebemos evitar, por tanto, afuera de, adentro de, adelante de atrás de.
No se utiliza la preposición a ante estos adverbios. Para eso ya están las variantes correspondientes con -a:
(7) Sigamos a delante > Sigamos adelante
Pero, sobre todo, no puede aparecer esta preposición ante las formas que ya la llevan incorporada:
(8) Vamos a adentro > Vamos adentro
Ni que decir tiene que son incorrectas expresiones redundantes como salir (a)fuera y entrar (a)dentro, pues la idea de salir ya implica que tiene que ser hacia fuera (no se puede salir hacia dentro), y en la idea de entrar va implícita la de que lo hacemos hacia dentro (por imposibilidad física y lógica de entrar hacia fuera). En estos casos debemos decir simplemente salir o entrar.
Por último, hay que mencionar la forma erosionada alante, que va desplazando en el habla coloquial (y no tan coloquial) a los adverbios adelante y delante. Como ves, está tachada, así que no creo que haga falta decir más.
Se podría continuar con el tema, pero esto es lo mínimo que es necesario saber para emplear estos pares correctamente. Y no es poco.
[Blog de Lengua Española de Alberto Bustos, 'Fuera', 'afuera' y compañía; puedes copiar este artículo para fines no comerciales, pero tienes que dejar estos enlaces]

martes, 5 de marzo de 2013

Capacitación Semipresencial Prácticas del Lenguaje 2

http://abc.gov.ar/lainstitucion/organismos/direcciondecapacitacion/documentos/secundaria/practicasdellenguaje.pdf

Capacitación Semipresencial de Prácticas del Lenguaje 1

http://abc.gov.ar/lainstitucion/organismos/direcciondecapacitacion/modulos/documentosdedescarga/lenguajes.pdf

"Don Quijote de la Mancha" - Orientaciones para el docente

http://www.buenosaires.gob.ar/areas/educacion/curricula/pdf08/pluri/quijote_d.pdf

"Don Quijote de la Mancha" - Para lectores caminantes

http://www.buenosaires.gob.ar/areas/educacion/curricula/pdf08/pluri/quijote_a.pdf

"Robin Hood" - Orientaciones para el docente

http://www.buenosaires.gob.ar/areas/educacion/curricula/pdf08/pluri/robin_d.pdf

"Robin Hood" - Páginas para el alumno

http://www.buenosaires.gob.ar/areas/educacion/curricula/pdf08/pluri/robin_a.pdf

Mitos griegos - Orientaciones para el docente

http://www.buenosaires.gob.ar/areas/educacion/curricula/plan_plurianual_oct07/p_del_lenguaje/pl_mitos_d.pdf

"El Negro... y otros gatos" - Orientaciones para el docente

http://www.buenosaires.gob.ar/areas/educacion/curricula/pdf/primaria/negro_docente.pdf

Mitos griegos - Páginas para el alumno

http://www.buenosaires.gob.ar/areas/educacion/curricula/plan_plurianual_oct07/p_del_lenguaje/pl_mitos_a.pdf

El Negro... y otros gatos - Páginas para el alumno

http://www.buenosaires.gob.ar/areas/educacion/curricula/pdf/primaria/negro_alumno.pdf

"El diablo en la botella" - Páginas para el alumno

http://www.buenosaires.gob.ar/areas/educacion/curricula/pdf/primaria/diablo_alumno.pdf

"El diablo en la botella" - Orientaciones para el docente

http://www.buenosaires.gob.ar/areas/educacion/curricula/pdf/primaria/diablo_docente.pdf

sábado, 9 de febrero de 2013

"Decir sí", de Griselda Gambaro

http://www.educ.ar/dinamico/UnidadHtml__get__6dd53125-c84e-11e0-81fd-e7f760fda940/texto1.htm

Secuencia didáctica de "Decir sí", de Griselda Gambaro

http://www.educ.ar/dinamico/UnidadHtml__get__6dd53125-c84e-11e0-81fd-e7f760fda940/index.htm

jueves, 7 de febrero de 2013

"El secreto y las voces", de Carlos Gamerro. Miedo colectivo, silencio y complicidad

http://es.scribd.com/doc/49340527/El-secreto-y-las-voces-Gamerro

Publicación muy interesante sobre obras leídas

http://bocadesapo.com.ar/biblioteca/bds/BdS05.pdf

Sobre "El secreto y las voces"

http://www.filo.uba.ar/contenidos/prensa/notas/cont/gamerro.htm

"El secreto y las voces", de Carlos Gamerro

http://www.carlosgamerro.com/El_secreto_y_las_voces.html

"Kryptonita", de Leonardo Oyola

http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/libros/10-4411-2011-09-18.html

Acerca de "Sobrevivientes"

http://www.revistaenie.clarin.com/literatura/gesta-Malvinas-abstracta-soldados-usan_0_802719928.html

Un libro sobre las cicatrices de Malvinas

http://www.clarin.com/sociedad/Premio-Clarin-Novela_0_802119862.html

Datos de Fernando Monacelli, autor de "Sobrevivientes"

http://www.revistaenie.clarin.com/literatura/Fernando-Monacelli-Basico_0_802119863.html

Fragmento de "Sobrevivientes", novela ganadora Premio Clarín 2012

http://www.revistaenie.clarin.com/literatura/ficcion/Fragmento-Sobrevivientes_0_803919613.html

Premio Clarín Novela 2012

http://www.revistaenie.clarin.com/literatura/ficcion/Fernando-Monacelli-Premio-Clarin-Novela_0_803919612.html

domingo, 9 de diciembre de 2012

Actividades "Poema del Mío Cid"


En Valencia con los suyos vivía el Campeador;
Con él estaban sus yernos, Infantes de Carrión.
Un día que el Cid dormía en su escaño, sin temor,
un mal sobresalto entonces, sabed, les aconteció:
Escapose de una jaula, saliendo fuera, un león.
Los que estaban en la Corte sintieron un gran temor;
recogiéronse sus mantos los del buen Campeador,
y rodean el escaño en guarda de su señor.
Allí Fernando González, infante de Carrión,
ni en las salas ni en la torre ningún refugio encontró;
metiose bajo el escaño, tan grande fue su pavor.
Diego González, el otro, por la puerta se salió diciendo con grandes gritos:
-¡Ay, que no veré Carrión!
Tras la viga de un lagar metiose con gran temor;
todo el manto y el brial sucios de allí los sacó.
En esto que se despierta el que en buena hora nació;
de sus mejores guerreros cercado el escaño vio:
-¿Qué pasa aquí, mis mesnadas? ¿Qué queréis? ¿Qué aconteció?
-Es que, mi señor honrado, un susto nos dio el león.
Apoyándose en el codo, en pie el Cid se levantó:
El manto se pone al cuello y encaminose al león.
La fiera, cuando vio al Cid, al punto se avergonzó;
allí bajó la cabeza, y ante él su faz humilló.
Nuestro Cid Rodrigo Díaz por el cuello lo tomó,
y lo lleva de la mano, y en la jaula lo metió.
A maravilla lo tiene todo el que lo contempló.
Volviéronse hacia la sala donde tienen la reunión.
Por sus dos yernos Rodrigo preguntó, y no los halló;
aunque a gritos los llamaban, ni uno ni otro respondió,
y cuando los encontraron, los hallaron sin color.
No vieseis allí qué burlas hubo en aquella ocasión;
mandó que tal no se hiciese nuestro Cid Campeador.
Sintiéronse avergonzados Infantes de Carrión;
fiera deshonra les pesa de lo que les ocurrió.
    Anónimo. Poema del mío Cid (Versión de Francisco López Estrada.)

Principio del formulario

Elige la opción correcta:

1.- ¿Cómo se llamaban las hijas del Cid?  
a) Doña Elvira y doña Sol.
b) Doña Elvira y doña Juana. 
c) Doña Juana y doña Sol. 

2.- Sus maridos eran:
a) Los infantes de Castilla.
b) Los infantes de Valencia. 
c) Los infantes de Carrión.

3.- ¿Qué suceso ocurrió un día? 
a) Que atacaron los moros.
b) Que se escapó un león de la jaula.
c) Que se formó una tormenta. 

4.- ¿Cómo se comportaron los infantes de Carrión?
a) Con gran valentía.
b) Con indiferencia.
c) Con cobardía.

5.- ¿Qué hizo Fernando González?   
a) Meterse debajo del escaño.
b) Ponerse tras la viga de un lagar. 
c) Salir corriendo.

6.- ¿Dónde se escondió Diego González?  
a) Debajo de la cama.
b) Tras la viga de un lagar.
c) Detrás de las cortinas.
  
7.- ¿Quién es "el que en buena hora nació"?
a) El Cid Campeador.
b) El infante de Carrión. 
c) Fernando González. 
  
8.- ¿Qué hizo el león al ver al Cid?  
a) Levantó la cabeza para verlo.
b) Bajó la cabeza y humilló su faz.  
c) Emitió un rugido. 
  
9.- ¿Qué hizo el Cid con el león?  
a) Lo soltó en el campo.
b) Lo llevó a un circo.
c) Lo llevó a la jaula.
   
10.- Los infantes de Carrión se sintieron:  
a) Orgullosos.
b) Avergonzados.   
c) Contentos.
  

Más liviano que el aire (reseña de la obra de teatro)


lanacion.com
Jueves 05 de mayo de 2011 | Publicado en edición impresa
Teatro / Drama / BUENA
Más liviano que el aire
Betiana Blum desarrolla una labor minuciosa para componer a una anciana.

    
AUTOR: FEDERICO JEANMAIRE DIRECCION Y ADAPTACION: GABRIELA IZCOVICH / INTERPRETES: BETIANA BLUM, JUAN BARBERINI / ESCENOGRAFIA: ALICIA LELOUTRE/ LUCES: ELI SIRLIN / VESTUARIO: GABRIEL LAGE Y LORENA DIAZ / MUSICA ORIGINAL: LUCAS FRIDMAN / ASISTENTE DE DIRECCION: MELANIA BARREIROS / SALA: TEATRO REGINA / DURACION: 60 MINUTOS
Un joven ingresa por la fuerza a robar en un edificio e intenta tomar de rehén a una anciana. La obliga a llevarlo a su departamento. La mujer, sumamente astuta, termina encerrándolo en uno de los baños de la casa.
De allí en más comenzará a darse entre ellos una relación muy especial. La furia del muchacho encerrado, que busca miles de excusas para poder escapar, no hará mella en la conducta de esa mujer que aprovecha la situación para modificar algo de su monótona vida, obligará al delincuente a escuchar algunas de sus historias familiares, mientras va mostrando aspectos del armado de una cotidianeidad. Mientras pasan los días, algo de ambos se modifica.
La novela de Federico Jeanmaire, Premio Clarín en 2009, es el punto de partida de esta experiencia. Una muy ajustada adaptación de Gabriela Izcovich posibilita que la protagonista adquiera una carnalidad muy delicada; tornándola una anciana que, aún con sus años, atraviesa estadios en donde deja ver no sólo su inteligencia y su sagacidad, sino también cierta ternura cuando recuerda hechos de su familia o cuando, por momentos, intenta adoctrinar al joven al que mantiene encerrado sobre las posibilidades de llevar una vida diferente, alejada de la violencia y el delito.
En un marco escenográfico atractivo que concibió Alicia Leloutre y que pinta muy bien el ámbito de vida de una mujer mayor, Betiana Blum desarrolla una labor minuciosa a la hora de componer a ese ser para quien la soledad es una moneda corriente, que está llena de tics propios de la edad y que se sostiene siguiendo una rutina tan armada, que es la que ahora se ve trastocada con la irrupción de ese joven malhechor.
DESPROTEGIDA                                     
Hay dos cuestiones que debilitan algo el trabajo de la intérprete. Por un lado, ella no termina de incorporar por completo a ese muchacho que mantiene bajo encierro, y esto hace que en algunos pasajes se la note realizando una tarea muy en soledad y queda un tanto desprotegida en escena. Por otro, no siempre los parlamentos del joven llegan con claridad a la platea, con lo cual algo de lo que él aporta en la construcción de la relación se desdibuja.
Aun así, el espectáculo es muy efectivo. Betiana Blum le impone mucha ternura a esa mujer quien, a poco de comenzado del espectáculo, ya se ha convertido en un ser muy entrañable para los espectadores.
Carlos Pacheco

Géneros discursivos, tipos textuales y secuencias


Géneros discursivos y tipos textuales

Toda actividad humana (literaria, científica, periodística, cotidiana, administrativa, etc.) necesita transmitir sus mensajes y organizarlos de una manera relativamente estable. Surgen así los distintos géneros discursivos.
Pertenece a un mismo género los enunciados que comparten estas características:

 El tema (de qué habla)

 La estructura (cómo está organizado)

 El estilo (qué recursos lingüísticos utiliza)

 La función (para qué y para quién se habla)


Poder reconocer el género es fundamental para la interpretación y producción


Los géneros discursivos son tipos relativamente estables de enunciados que comparten características temáticas, estilísticas y estructurales. Los géneros discursivos se relacionan con los diversos contextos sociales en los cuales las personas utilizan la lengua.
Existen dos clases de géneros discursivos: primarios y secundarios. Los primarios están relacionados con la oralidad, surgen y se desarrollan en ámbitos comunicativos informales, por ejemplo, los diálogos familiares o cotidianos. En cambio, los secundarios se originan en condiciones comunicativas y culturales más complejas y organizadas. En ese sentido están más relacionados con el código escrito.


Géneros discursivos
Tipos de texto
Intencionalidad
Cuento - Novela - Teatro - Poema - Fábula -
Leyenda
 - Mito - Guión televisivo
Estética
Noticia -Editorial - Crónica -
Carta de lectores - Aviso Clasificado – Reseña crítica
Informativa
Definición - Nota de enciclopedia
Informe de experimento - Monografía -
Relato histórico
Informativa
Historieta - Chiste - Graffitti
Estética/Apelativa
Consigna - Ley - Instructivo - Receta-
Reglamento -Prospecto
Apelativa/Informativa
Publicitario
Publicidad - Propaganda - Folleto -
Afiche
Apelativa
Carta - Esquela - Solicitud - Telegrama -
Postal - Tarjeta
Informativa/Expresiva/
Apelativa
Instrumental
Organigrama - Diagrama - Documento
Comercial
Informativa


TIPOS DE TRAMA O SECUENCIAS TEXTUALES


Narrativa: plantea una situación inicial, una complicación y una resolución.

Descriptiva: representa por medio del lenguaje objetos, personas o espacios.
Caracteriza.

Argumentativa: demuestra mediante un razonamiento un determinado punto de vista u opinión.

Explicativa: aporta un conocimiento nuevo a través del desarrollo del problema.

Conversacional o dialogal: muestra la interacción verbal entre dos o más hablantes.